Etiquetas

, , , , , ,


Por  Mariano Poncino

Ernest Renan en su conferencia celebrada en Soborna en 1882 titulada “¿QUE ES UNA NACION?”,  da cuenta del olvido como una necesidad a favor de la nación y  de la importancia de tener un pasado común entre los habitantes.  De este modo  el autor emprende la búsqueda de una base suficiente, de un “principio espiritual”, para la nacionalidad moderna, una base que le de sustento a una identidad nacional. Es en esta búsqueda donde va a ir eliminando distintos atributos propios del hombre que a lo largo de la historia del pensamiento han tenido cierta relevancia en el debate sobre la cuestión de lo que es una nación.

Renan va más allá del debate propio de su época, no busca una base solida de la identidad nacional en la raza, en la religión o en el territorio (geografía), sino que  sostiene como principio fundamental  que el hombre es ante todo un ser razonable y moral para llegar a la conclusión tan famosa que pone en centro de la escena al olvido. “… la esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común, y también que todos hayan olvidado muchas cosas (…)”

Ahora bien, ¿A qué se está refiriendo con esta afirmación? ¿De que me olvido como ciudadano?  La imagen que puede seguir a estos interrogantes es la de la amnesia social propia de la vida cotidiana, propia de aquella ciudad llamada Buenos Aires caracterizada, por alguien que ya me olvide,  como la  “…madre loba que se alimenta de sus cachorros para no morir de hambre…”, sin embargo, a parte de ese olvido necesario para la vida cotidiana como efecto de la gran densidad moral que caracteriza a las sociedades modernas, lo que nos dice Renan es que     “la nación moderna es, pues, un resultado histórico por una serie de hechos que convergen en igual sentido. La unidad ha sido realizada o bien por una dinastía en Francia, o bien por voluntad directa de las provincias como en el caso de Holanda…”    y por lo tanto una nación que es ante todo una dinastía, representa una conquista; aceptada primero y olvidada después por la masa del pueblo. El  olvido de aquellas cuestiones es al que se está refiriendo.

Es, entonces, en esas afirmaciones del autor donde aparece una nueva forma de entender a la nación, de entender que esta brota de ese principio fundamental que tiene al hombre como ser razonable y moral. Así, en las últimas líneas de esta conferencia nos dice… “Una nación es un alma, un principio espiritual” o un agregado de “dos cosas que no forman sino una”.  La primera está en el pasado –un legado de recuerdos, la memoria-; y la otra en el presente –el deseo de vivir juntos, la solidaridad-.  Del pasado, el cúmulo de “gloria y de pesares” compartido; en el porvenir, un “programa que realizar”. También afirma que   “La existencia de una nación es un plebiscito de todos los días”  en ella pasa y deja su estela la historia, hay allí, como se citó anteriormente, un pasado en el cual se imprimen triunfos y derrotas, pero a su vez hay un presente en el cual se imprime una voluntad común. Con estos ojos Renan ve a una nación, uno enfocado en el pasado, otro entre la línea del presente y del futuro.

Para introducir otros elementos en este debate propongo citar a Benedict Anderson, quien hace una reflexión sobre el origen y la difusión del nacionalismo en su obra titulada “COMUNIDADES IMAGINADAS”.

Como todo hombre de la teoría social que se sienta a escribir, necesita llamar a un interlocutor que haya expuesto ideas interesantes sobre la misma problemática a desarrollar. Anderson elige a Michelet y a Renan en el capitulo XI de esta obra. Pero en la introducción nos da  un adelanto de la idea que  tiene acerca de la nacionalidad:  está formada por artefactos culturales de una clase particular.

En el capitulo XI titulado “LA MEMORIA Y EL OLVIDO”  cita a América como un caso particular en donde la independencia de la metrópoli da una forma distinta de tratar a la identidad nacional ¿Cuál era ese rasgo particular propio de América? En la tercer década del mil ochocientos ya, prácticamente, América se había independizado de las distintas metrópolis que habían colonizado sus tierras. Una vez puesta en marcha la independencia,  el rasgo particular se da en el hecho de compartir un mismo lenguaje con la metrópolis, y con este una cultura común y una religión común. Esta situación genera aun cierta tensión en el debate intelectual propio de América Latina, sobre la cuestión de la identidad nacional, ya que hay sectores enfrentados e interesados en resaltar cada uno a su cultura como parte de la identidad nacional dentro de un mismo país (porque los intelectuales indianistas existen). Pero la realidad como afirma Anderson, es que en esta época… “los criollos estaban más comprometidos (por medio de sus escuelas, imprentas, hábitos administrativos) con las lenguas Europeas que con las indígenas. Todo hincapié excesivo en los linajes ligústicos amenazaría con borrar precisamente esa memoria de la independencia que era esencial conservar.”  Esta cita nos dice que la memoria es otro elemento importante  para una nación. Es en estas afirmaciones secundarias donde  Anderson esta parafraseando a Michelet en lo que refiere a la memoria y a Renan en lo que refiere al olvido. Así como también  ve que  la base solida de la memoria está en  la historia, por lo tanto hay que agradecerle por hablar en nombre de los muertos.

De esta forma Anderson traza un esquema para abordar la problemática de la nación,  poniendo en juego estos dos atributos humanos como son el olvido y la memoria. En donde ciertos acontecimientos deben ser olvidados/recordados como nuestros. Este mismo ejercicio seria un artefacto cultural del cual se sirve una nación.

Como invitado de lujo para cerrar esta idea  y seguir problematizando estas cuestiones, propongo citar a la memoria escrita que dejo Julio Cortázar en  un discurso que puede encontrarse en el libro “PAPELES INESPERADOS” (p. 155 a 158). En esta conferencia se imagina dando un discurso en referencia al 9 de julio y, como lo demuestra esta cita, no se propone evocar solamente a la historia…  “no he querido traer aquí la evocación de los hechos históricos que conmemoramos. Pienso que sería repetir lo que esta tan vivo en vuestra memoria de argentinos”… lo que propone  Cortázar en ésta conferencia es que esa misma mirada propia del hombre puesta en lo que fue, en lo que paso, sea también puesta en el destino. Cortázar, nos dice, cuidado con como se trata a la historia; aquellos a quienes recordamos como seres sobrenaturales, nuestros próceres, han hecho la historia, pero ahora están muertos, eran de carne y hueso.

Lo que quiere que comprendamos es que  “bueno es elevar el corazón hacia nuestros padres civiles; pero la tarea continua después”… quiere enseñarnos a     “a sentirnos a nosotros mismos dentro de esta joven nación, dentro de una historia… Quebrad el cristal que aparta de vuestra realidad la realidad del pasado y unid todo en una misma ambición y en un mismo deber…”. Conclusión,  una historia común, próceres comunes, un deber común y una invitación a continuar la historia  parece ser el plan.  De este modo Cortázar deja claro la necesidad  de comprender nuestra historia, nuestro legado, nuestra memoria y también la necesidad de continuarla.

Anuncios